Hace ocho años, inauguramos el Centro de Investigación y Fomento en Propagación y Viverismo de Plantas Nativas de Alta Montaña – Elsa Matilde Escobar, ubicado en la Reserva Biológica Encenillo, en Guasca (Cundinamarca). Esta iniciativa, fruto del Convenio EPM – Fundación Natura, nació con el objetivo de propagar más de 100.000 plántulas de cerca de 70 especies nativas de ecosistemas de alta montaña, contribuyendo a los procesos de restauración ecológica en bosques altoandinos, subpáramos y páramos.
Este espacio no solo funciona como vivero para la propagación de material vegetal, sino que también se ha convertido en un centro de aprendizaje, investigación, gestión del conocimiento y educación ambiental. A través del intercambio de experiencias y la implementación de buenas prácticas, se fortalece la conservación y restauración de los ecosistemas.
Una de las investigaciones recientes fue liderada por Yaritza Nieto Restrepo como parte de su trabajo de grado para obtener el título de Ingeniera Agropecuaria. Su proyecto, «Propuesta de acciones de mejora del vivero Centro de Investigación y Fomento en Propagación y Viverismo de Plantas Nativas de Alta Montaña – Elsa Matilde Escobar», buscó identificar problemáticas en cada etapa de desarrollo de las plántulas y proponer soluciones efectivas.
El estudio comenzó con un diagnóstico de las diferentes etapas de crecimiento de las plántulas, desde la germinación hasta la rustificación, proceso clave para su adaptación a las condiciones climáticas del entorno. Durante este análisis, se identificó la presencia de insectos no benéficos para las plantas. En respuesta, se implementó un sistema de manejo fitosanitario basado en un inventario constante de insumos y especies, permitiendo un seguimiento detallado y una gestión eficiente de los recursos del vivero. Además, se introdujo progresivamente el uso de insumos biológicos como estrategia sostenible para el control de plagas, facilitando la transición hacia un modelo de producción más amigable con el ambiente y alineado con las prácticas de conservación del vivero.
Como parte del proyecto, se realizó un ensayo experimental entre octubre de 2024 y enero de 2025 para evaluar el impacto de biofertilizantes y microorganismos eficientes en el desarrollo de dos especies nativas: tomatillo (Solanum callianthum) y garrocho (Viburnum tinoides). Bajo un diseño experimental en bloques parcialmente al azar, se evaluaron tres tratamientos: (T1) bovinaza, (T2) hongos micorrízicos arbusculares y (T3) combinación de bovinaza y hongos micorrízicos arbusculares, además de un grupo control sin tratamiento. Se analizaron tres variables: altura de las plantas, diámetro de los tallos y número de hojas.
Aunque el periodo de evaluación fue corto y no se encontraron diferencias estadísticamente significativas, se observó que los tratamientos con biofertilizantes favorecieron el vigor de las plantas, mejorando su tasa de supervivencia y desarrollo radicular. Asimismo, los tratamientos con micorrizas mostraron una mejor absorción de nutrientes, reflejada en un color más intenso del follaje y una menor incidencia de estrés hídrico. Estos resultados preliminares permiten continuar con la recolección de datos para mejorar la toma de decisiones en el futuro y obtener información más precisa sobre el efecto de estos insumos en el desarrollo de las especies nativas evaluadas.
Por otro lado, con el objetivo de fortalecer la educación ambiental en el vivero, se realizó la actividad «Acercamiento con los microorganismos» en la Institución Educativa Departamental El Carmen, sede Rodríguez Sierra. Durante esta jornada, estudiantes y miembros de la comunidad participaron en actividades interactivas para comprender la importancia de los microorganismos en el suelo y en las plantas.
Los niños recolectaron muestras del entorno y observaron microorganismos a través del microscopio, fortaleciendo su comprensión sobre el papel fundamental de estos seres en la naturaleza. Esta actividad refuerza la misión del vivero no solo como un centro de propagación de especies nativas, sino también como un espacio de aprendizaje y divulgación científica para las nuevas generaciones.
Así, el vivero se consolida como un espacio integral de investigación, formación y educación ambiental. A través de ensayos experimentales y proyectos de investigación, se fortalece el conocimiento sobre la propagación de especies nativas y el manejo sostenible de los viveros. Además, el Convenio EPM – FN ratifica su compromiso con la educación ambiental, acercando la ciencia a la comunidad y fomentando prácticas de conservación en las nuevas generaciones.