Cachalú: Una reserva biológica que le apuesta a la conservación

En el departamento de Santander, en los municipios de Encino y Charalá, en las estribaciones de la Cordillera Oriental de los Andes se encuentra la Reserva Biológica Cachalú. Sus 1.200 hectáreas de bosque andino forman parte de uno de los últimos relictos de robledales de Colombia.

Se fundó en 1996 después de ser, durante años, una zona ganadera y en la que se promovía la explotación de madera. De hecho, Cachalú está en un lugar crucial, en el área de amortiguación del Santuario de Fauna y Flora Guanentá Alto Río-Fonce, que es un eje para la subsistencia de páramos que van desde el complejo Guantiva – La Rusia en Santander hasta el Macizo de Iguaque en Boyacá.

“Es una reserva de la sociedad civil, es decir, es un área protegida que está a cargo de una organización privada. Hace parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), y de la Red de Reservas de la Sociedad Civil, una iniciativa de conservación privada que hemos impulsado mucho desde Fundación Natura”, afirmó Nancy Vargas, Subdirectora técnica.

Estas reservas cuidan ecosistemas naturales que son manejados bajo principios de conservación. Gracias a esto, por más de 25 años, Cachalú ha contribuido en la estabilización del clima regional y por ende en los cuerpos hidrológicos de la zona; debido a que los bosques andinos son un enorme sumidero natural de dióxido de carbono y cuentan con una amplia capacidad para retener ese recurso hídrico.

En este mismo sentido, se han fomentado actividades de sistemas productivos sostenibles alrededor de la reserva a través de acuerdos de conservación – producción, y de talleres de capacitación en los que los agricultores aledaños aprenden, entre otras cosas, cómo hacer un uso adecuado del agua y los suelos para los cultivos y las huertas.

Además, se ha fomentado el desarrollo de distintas investigaciones en torno a la biodiversidad de la zona. “Creo que Cachalú ha tenido un impacto académico positivo en el sentido de que varios estudiantes de universidades nacionales e internacionales han desarrollado sus trabajos de investigación y de tesis allí”, aseguró Nancy.

Otras actividades que se están desarrollando tienen que ver con el turismo. Pues la flora y fauna de la zona es excepcional, se pueden encontrar desde osos de anteojos (Tremarctos ornatus), nutrias (Lontra longicaudis), hasta perezosos (Choloepus hoffmanni) y venados lochos (Mazama rufina).

Pero sin duda, sus mayores protagonistas son las especies endémicas de aves, lo que hace de Cachalú un área de Importancia para la Conservación de las Aves (AICA). “En la reserva y en todo el corredor del páramo de Guantiva-La Rusia, se han registrado aproximadamente unas 180 especies de aves, estamos hablando de aproximadamente unas 300 especies, lo cual es un enorme potencial para la observación, para el avistamiento y para los recorridos de la naturaleza”, afirmó Elkin Briceño, especialista en preservación y conservación de recursos naturales, guía turístico de avistamiento de aves y colaborador de la Fundación Natura.

Algunas de las especies que resalta Elikn, son: la perdiz santandereana (Odontophorus strophium), el colibrí Inca Negro (Coeligena prunellei), los Gallitos de Roca (Rupicola peruvianus), entre otros.

Para aprovechar al máximo el avistamiento que ofrece la reserva y en esfuerzo conjunto entre Fundación Natura y la comunidad local, se instaló una torre de observación de 25 metros de altura que permite que niños, niñas, jóvenes, turistas, estudiantes, investigadores y visitantes puedan ver la flora y fauna desde otra perspectiva.

Y es que durante los 25 años de Cachalú, cada apoyo, cada visita y cada recorrido han sido claves para posicionarla como sitio turístico predilecto de Encino y Charalá.

Por eso, la fundación y la alcaldía municipal firmaron un convenio en 2021 para formular el Plan de Desarrollo Ecoturístico del municipio Encino, en el que la Reserva será uno de los ejes principales del turismo de naturaleza, especialmente, para el avistamiento de aves y el desarrollo científico. Además el plan se fundamenta en la vinculación y la participación de las comunidades locales.

De esta forma, tanto la Fundación Natura, como la comunidad local y las alcaldías municipales han logrado trabajar de forma articulada para que las actividades y procesos que se realizan no generen impactos negativos en los ecosistemas, al contrario se ha buscado contribuir a su conservación y restauración ecológica en zonas afectadas décadas atrás. Cachalú, un tesoro natural ¿Por qué no te animas a conocerla? Más información aquí.

Por: Lorena González Linares

 

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