La polinización es un proceso fundamental en la producción de cultivos en todo el mundo, es clave en la seguridad alimentaria y un servicio ecosistémico para seres humanos, plantas y otros animales. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “aproximadamente el 80% de todas las especies de plantas con flores dependen de la polinización por parte de animales, en su mayoría insectos, y determinan el 35% de la producción agrícola mundial”.
Aunque las abejas son los polinizadores más populares, pues existen cerca de 20 mil especies que hacen parte de las 200 mil especies de animales que actúan como polinizadores en el mundo, también se encuentran aves, murciélagos y otros insectos.
Algunos de esos insectos clave, no son tan carismáticos como la abeja o el colibrí, incluso son rechazados por la mayoría de las personas. Ese es el caso de la mosca del género Forcipomyia (familia Ceratopogonidae), la principal polinizadora del cacao. Entran en la pequeña flor, atraída por sus colores y el olor del néctar; caminan por sus pétalos hasta encontrar el polen, que se adhiere a su espalda y patas; y, posteriormente, cuando visitan otra flor sucede la fecundación de los óvulos, formando así las semillas del fruto.
“Su importancia radica en que es prácticamente el único organismo capaz de polinizar eficientemente las flores de cacao, ya que estas tienen una estructura cerrada y compleja, donde el polen está protegido por los pétalos, lo que dificulta la polinización por viento u otros insectos. Sin esta mosquita, la fecundación de los óvulos no ocurre, por lo tanto, no se forman semillas y esto impide que se desarrolle el fruto (mazorca)”, afirmó Andrés Rueda, Jefe de proyecto de Fundación Natura.
En términos agronómicos, la producción de cacao depende directamente de la actividad de este insecto. Sin embargo, es poco conocido y una de las razones es su tamaño y visibilidad, pues apenas mide entre 2 y 3 mm, lo que la hace prácticamente invisible en medio de los cultivos.
Además, a diferencia de las abejas, no es generalista, por lo que no poliniza múltiples cultivos, únicamente el cacao. Y, finalmente, no produce bienes visibles, no produce miel, ni forma colonias visibles, por esto tiene un menor reconocimiento cultural y económico. En otras palabras, es un polinizador clave, pero ecológicamente invisible.
Aunque esta es una especie que suele ser ignorada, contar con un ambiente ideal para su permanencia en los cultivos de cacao beneficia su producción. En este proceso, la hojarasca juega un rol muy importante, pues como lo explicó Andrés, es el hábitat directo de las larvas y los suelos expuestos no son adecuados para su desarrollo. La humedad es importante para el desarrollo de los huevos y para la supervivencia de las larvas, por eso, en época lluviosa hay mayor población de mosquitas. Además, los cultivos con sombra permiten que existan condiciones climáticas estables para el desarrollo del insecto.
Siendo así, la producción del cacao y la presencia de este insecto tienen una relación directa, pues sin polinización no hay frutos y una baja población de mosquitas conlleva una baja productividad en los cultivos.
Por eso resulta tan importante entender el rol de cada una de las especies que habitan el planeta, porque absolutamente todas son clave en el equilibrio de los ecosistemas y sistemas.
Que los productores conozcan esta especie, aprendan sobre su importancia y el beneficio que les trae a los ecosistemas que los rodean, es necesario. Por eso, desde el programa de Monitoreo climático participativo, hemos compartido con los monitores y productores de Santander la importancia de brindar condiciones idóneas para la reproducción de esta diminuta polinizadora.
“Para integrar el conocimiento en prácticas agrícolas sostenibles, lo primero que debemos tener en cuenta es el manejo del suelo, es necesario mantener hojarasca, no limpiar en exceso, tener un buen manejo de sombra, usar árboles forestales y frutales. Además de mantener microhábitats húmedos, evitar el manejo químico y finalmente, no eliminar plantas que retienen agua, pues ese es su hábitat perfecto”, agregó Andrés Rueda.
Mediante los procesos de capacitación y el acompañamiento a las familias monitoras de San Vicente de Chucurí, Betulia, Zapatoca y Girón (Santander), el Monitoreo climático participativo, como una iniciativa de Isagen y Fundación Natura, ha compartido conocimientos y ha fortalecido prácticas que brindan un hábitat ideal a los polinizadores en los cultivos de cacao, café y tabaco.
De esta forma, no solo se asegura una producción sostenible y de calidad, sino que también se aporta a la conservación de especies, el equilibrio de los ecosistemas y el fortalecimiento de los servicios que brindan.



