El Sistema Comunitario de Monitoreo y Verificación (CMAS, por sus siglas en inglés) es una metodología participativa de verificación y control, que apoya las auditorías internas y los procesos de certificación o calidad. En este caso, en el sur del Tolima se está desarrollando un piloto de este mecanismo con asociaciones productoras de café.
Esta es una de las primeras experiencias de este tipo en Colombia, que se puso a prueba en el municipio de Planadas (Tolima) con 457 fincas cafeteras, con un valor agregado: el monitoreo comunitario, que apoya los procesos de auditoría interna y de certificación.
Según relata Andrés Rueda, jefe de proyecto de Fundación Natura, antes de una auditoría tradicional, faltando entre 15 días y un mes para la visita, los extensionistas salen a recorrer cerca de 60 fincas cada uno, con el fin de que todo cumpla con los criterios del sello, y después de la auditoría nadie tiene claridad sobre el mantenimiento de esas prácticas; surgió CMAS para cambiar la dinámica.
Para entender su valor hay que saber cómo funciona una certificación, pues no se entrega a cada caficultor por separado, sino que se otorga de manera conjunta a la organización. Además, cabe mencionar que esta metodología no busca reemplazar las auditorías tradicionales, sino complementarlas.
“Las certificaciones se realizan de manera conjunta, no individual. Es decir, el sello es para todos los asociados de una organización. Para ellos es muy importante tener esas certificaciones, porque la certificación hace que su café se venda con una prima adicional al precio del mercado. Pero como las certificaciones son conjuntas, todos los asociados deben cumplir con los criterios. Si un asociado no cumple con un criterio, la certificación para la organización se cae”, explicó Rueda.
Un sello que depende de todos
Cada año, la certificación se valida por dos caminos: uno es la auditoría interna que la organización hace con sus propios técnicos y el otro es la auditoría externa a cargo de una entidad independiente.
El problema, según Rueda, estaba en lo que pasaba entre una visita y otra. “Cuando un comprador paga el sobreprecio, él asume que en esa finca se está cumpliendo con los parámetros del sello. Pero se venía teniendo una desconfianza porque se estaba evidenciando que los criterios que se deben cumplir dentro de las fincas para tener la certificación, en algunos casos, se estaban realizando un par de semanas antes de que llegara el auditor externo. Por ejemplo, si una finca debe tener un adecuado manejo de aguas residuales, únicamente se montaba el proceso cuando faltaban 15 o 20 días para que llegara el auditor”, afirmó Rueda.

Según el equipo del proyecto, esta práctica tiene varios vacíos y preguntas que no dan certeza sobre el cumplimiento de prácticas adecuadas en los predios. Ante esto, CMAS encontró una alternativa cercana al productor, que puede generar mayor confianza y fortalecer la trazabilidad en el proceso.
La clave está en quién recoge la información. “Los monitores comunitarios no son los extensionistas, son personas de una misma vereda. Entonces, en una vereda hay un monitor comunitario que va y visita, no las 60 fincas, porque en una vereda puede haber 10 fincas. Va y visita esas fincas, llena el formulario y observa, a través de la información que recoge, si los criterios se vienen cumpliendo y si las mejoras que se necesitaban se están haciendo”, aclaró Rueda.
El formulario es sencillo y recoge los criterios de las certificaciones que maneja la organización. Así, la auditoría interna deja de ser un evento de última hora y se vuelve un seguimiento constante.
Con esa información, la organización sabe qué criterios necesitan más atención. “Esto permite que, si un criterio no tiene mejora, la organización pueda enviar a su extensionista a que haga visitas más seguidas a los caficultores que necesitan esa mejora. Así, cuando llegue la auditoría externa, no tienen inconvenientes con un criterio que puede ser de riesgo para que se le quite la certificación a una organización”, explicó.
La propuesta del modelo es que cada finca se monitoree cada cuatro meses. Con esos tres registros al año se construiría una base de datos sólida que permitiría revisar, en el tiempo, si las mejoras realmente están ocurriendo.
Una idea que nació en el territorio
Durante la primera etapa de esta experiencia en Tolima (pilotos de 2023 y 2024), Fundación Natura y Sustainable Agriculture Network (SAN) trabajaron con organizaciones cafeteras en monitoreo comunitario agrícola, con el objetivo de capacitar a los monitores y recoger información sobre el manejo de los cafetales. Estos datos se entregaron a las organizaciones para fortalecer su trabajo de extensión.
Según el equipo técnico, tras una evaluación detallada se encontró que el monitoreo no estaba teniendo el impacto esperado, porque la extensión rural en la zona giraba casi por completo alrededor de las certificaciones. Ahí se identificó una oportunidad clara: que las auditorías internas se hicieran a través del monitoreo comunitario.

Por esto, Fundación Natura y SAN adaptaron el instrumento para incluir los criterios de los sellos que manejan las organizaciones. Así, el cuestionario quedó organizado por veredas, para que la información se repitiera a lo largo del año.
Rueda destacó este proceso como una apuesta pionera donde recae todo el protagonismo en las comunidades: “lo que buscamos es que realmente se cumplan los criterios y que, a lo largo del año, las mismas comunidades, de manera honesta, muestren que efectivamente cada uno de esos criterios se está cumpliendo. Las auditorías externas son muy costosas. Entonces, a través de este mecanismo queremos que las mismas comunidades se encarguen de verificar si efectivamente están cumpliendo con los criterios que exige la norma de la certificación o calidad”.
Esto se consolidó en el marco del proyecto CMAS adaptado para sistemas de certificación de pequeños productores, que se construyó entre varios actores de la cadena del café. SAN lideró el consorcio y tuvo a su cargo la coordinación general y la gestión de la colaboración entre socios; mientras que Fundación Natura lideró las asesorías técnicas para el monitoreo comunitario, y aportó su experiencia en este tipo de procesos. El proyecto cuenta con el apoyo del ISEAL Innovations Fund.
Pero también ha sido clave la participación de actores como Rainforest Alliance para revisar los avances desde la perspectiva de un estándar global de sostenibilidad; Preferred by Nature lo hizo desde la mirada de un organismo de certificación;
Más que cumplir un requisito
Para los caficultores, los beneficios van más allá de conservar el sello. “Uno, van a tener posibilidades constantes de ir realizando las mejoras que tienen que hacer para no perder las certificaciones, que les dan una prima en la venta de su café. Y dos, información para que tomen decisiones sobre el manejo de su finca. Cada uno de los criterios que tenemos dentro del formulario lleva a que se entienda cuáles son las dificultades o las mejoras que hay que realizar en el manejo del cultivo, ya sea en temas agronómicos, sociales o ambientales”, explicó Rueda.
Para las organizaciones, el mecanismo podría reducir los costos de enviar a sus técnicos a recorrer todas las fincas; mientras que, para los compradores, significa más confianza. “Lo que nosotros intentamos hacer es ponerle un poco más de confianza, claridad y sincerar que efectivamente los criterios que se deben cumplir a través de la certificación se estén realizando a lo largo del año. Eso les da una mayor confianza a todos los actores de estas cadenas, porque lo que se está diciendo es que las organizaciones no solo intentan cumplir los criterios una semana o 15 días antes de que llegue la auditoría externa, sino que es un proceso que se viene haciendo todo el año”, afirmó.

El documento Beyond the Audit, publicado por SAN en 2026, recoge y fortalece la idea de que esta herramienta también sirve a organizaciones que todavía no tienen ninguna certificación, pues les da claridad sobre dónde están y qué deben mejorar para enfrentar ese proceso en el futuro.
En resumidas cuentas, este piloto superó su meta de registro (521 fincas inscritas frente a 475 previstas) y llegó con monitoreo a 457 fincas en Tolima, el 87,7 % de las registradas, con un área total de 2.800 hectáreas. De ellas, 1.600 tienen café. Además, contó con la participación de diez monitores capacitados y seis Organizaciones de Base Comunitaria (OBC): Acedga, Asoatá, Asovoviga, Coffeeterra, Coompep y Famycafé.
En ese sentido, el monitoreo comunitario cubre los criterios de cinco sellos, cada uno con sus propios niveles de exigencia: Rainforest Alliance; Nespresso AAA, con los niveles Precondición, Básico y Avanzado; Fairtrade (FLO), con los niveles Básico y Desarrollo; Fair Trade USA, con los niveles Críticos y Progreso; y Certificación orgánica europea (EU Bio).
Actualmente, la expectativa con CMAS está en crecer, en entregar guías y cajas de herramientas a los productores, auditores y entes certificadores. También busca posicionar el monitoreo comunitario como complemento de las auditorías, no como su reemplazo; y abrir la puerta a que el modelo llegue a otros cultivos, regiones y sistemas de certificación.
- [AJR1] Unificar con el nombre en español que use SAN; Sistema Comunitario de Monitoreo y Verificación.
- [AJR2] Es mejor poner el sello es para todos lo miembros de la organización, y no decir el número.
- [AJR3] Considero que necesario suavizar «maquillando» y no generalizar a todas las organizaciones ni a los auditores.





