Un tributo a las ranas y otros anfibios de tierras altas

En los paisajes altoandinos, los atardeceres se cubren de nubes que bajan lentamente llenando el cielo y alcanzando la superficie de las montañas, mientras los últimos rayos de sol se extinguen y dan paso a la noche. Con el transcurrir de las horas, pequeñas gotas golpean los frailejones, puyas y musgos, llenando progresivamente el campo hasta convertirlo en un mosaico de nubes terrestres.

Un agudo sonido rítmico con eco resonante rompe los sonidos del viento convirtiéndose en una sinfonía nocturna. Son las ranas terrestres que habitan páramos y bosques, cuyo canto emerge desde lo oculto de la niebla, revelando su presencia entre pajonales, arbustales y charcas.

Del tamaño de un pulgar o menos, las ranas de tierras altas (>2000 msnm) se diferencian de las de tierras bajas (>1000 msnm), pues están sometidas a las bajas temperaturas con noches frías, heladas frecuentes y variaciones drásticas de temperatura a lo largo del día. Por eso tienen adaptaciones fisiológicas para sobrevivir en los ambientes fríos, que van desde la modulación metabólica y tolerancia o resistencia a los cambios térmicos, hasta el uso de refugios protectores disponibles en sus microhábitats, según se explica en la publicación Anfibios y lagartos de alta montaña: Ecofisiología evolutiva y límites altitudinales”.

En el artículo científico titulado Current State of Knowledge of Páramo Amphibians in Colombia: Spatio Temporal Trends and Information Gaps to Be Strengthened for Effective Conservation”, se resalta que a pesar de su importancia ecológica, siguen siendo pocas las investigaciones sobre sus hábitos e historia de vida, dificultando la generación de planes para su conservación, teniendo como amenazas latentes la transformación y destrucción de sus hábitats.

Los anfibios son indispensables en el funcionamiento de los ecosistemas porque regulan poblaciones de otros organismos como los insectos, además de servir de alimento a otros grupos animales como peces, reptiles, aves y mamíferos (dinámica trófica). Su vínculo de dependencia con el agua, incluso en ambientes terrestres, es sumamente relevante al punto de facultarlos, junto con otros aspectos de sensibilidad ambiental, como excelentes bioindicadores de la “salud ecosistémica”, lo destaca la publicación “The Multifaced Importance of Amphibians: Ecological, Biomedical, and Socio-Economic Perspectives”.

Adicionalmente, tienen importancia médica y cultural, siendo objeto del desarrollo de fármacos para controlar infecciones, el dolor o el cáncer; o símbolos de tradiciones ancestrales en torno a la fertilidad y fortaleza, y la transformación y resistencia. Pese a esto, su estigmatización como seres “desagradables” permanece en algunas esferas sociales, producto del desconocimiento de su enorme diversidad y complejidad, representada en endemismos y numerosos patrones de colores y formas.

En el marco del Día internacional para la conservación de los anfibios, que se celebra desde 2009, el Convenio EPM – Fundación Natura hace un homenaje a estas especies de las que no solo hacen parte sapos y ranas sino también salamandras, tritones y cecilias.

A nivel global, según la Estrategia de Conservación de Anfibios en Colombia, estos organismos llevan existiendo algo más de 350 millones de años en su historia evolutiva, alcanzando un registro de más de 8000 especies, de las cuales el 40% se encuentra en riesgo de extinción, resalta el artículo “Ongoing declines for the world’s amphibians in the face of emerging threats”.

Además, actualmente enfrentan las consecuencias del acelerado cambio de los ecosistemas producido por el desarrollo humano, la demanda incrementada de recursos y la vida moderna. El estado vulnerable y de riesgo de muchas especies ante problemas como el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras, enciende las alarmas sobre los esfuerzos de conservación para evitar su extinción, el declive poblacional y la pérdida de servicios ecosistémicos vinculados a su función en numerosos territorios.

Colombia debe considerar a los anfibios en los procesos de conservación y restauración ecológica por su alta riqueza, que alcanza las 883 especies en todo el territorio, como se menciona en Batrachia”. Solamente la región andina caracterizada por sus bosques altoandinos y páramos alberga alrededor de 140 especies mayoritariamente endémicas, según la “Guia de anfibios y reptiles del parque Nacional Natural Chingaza y su zona de influencia”.

Un ejemplo son las compensaciones ambientales del Proyecto de Transmisión Eléctrica Nueva Esperanza (EPM) en las cuales se desarrollan experiencias de restauración en ecosistemas altoandinos de Cundinamarca. En su ejecución, los anfibios han resultado importantes en el monitoreo de biodiversidad asociada a la recuperación de áreas degradadas donde se implementan estrategias de restauración basadas en siembras de plantas nativas. La detección de especies objeto de conservación como la “rana de niebla” (Pristimantis elegans), catalogada como vulnerable en la Lista Roja de la IUCN, en sitios de siembra donde antes su presencia era escasa, indican la posible recuperación de sus poblaciones. La indagación sobre los hábitos de las especies y su relación con plantas nativas ha llegado al punto de incidir en la adaptación de nuevas estrategias de restauración dirigidas a la conformación de refugios y sitios de paso para los anfibios.

Un hallazgo relevante fue el descubrimiento de la nueva especie de salamandra Bolitoglossa muisca en bosques nublados de un área de compensación en el municipio de Bojacá, no solo demostrando la importancia de los endemismos en las cordilleras del país, sino la trascendencia de las acciones de conservación y restauración para la protección de especies aún desconocidas.

El análisis del vínculo entre especies de anfibios y plantas puede fomentar el diseño e implementación de medidas complementarias de manejo del hábitat, en pro de la recuperación de coberturas vegetales y espacios requeridos por estos organismos para la supervivencia y sostenibilidad de sus poblaciones, maximizando los alcances de la restauración ecológica.

Se espera que las estrategias implementadas puedan ayudar a reestructurar las comunidades de anfibios afectadas a lo largo de los años, superando barreras históricas como la conformación de pasturas y la ampliación de la frontera agrícola responsables de la fragmentación y desaparición de sus hábitats, como se menciona en el artículo “La fragmentación del hábitat como determinante de la diferenciación de los sistemas de comunicación animal.

Es importante y necesario aumentar y reforzar las iniciativas de educación ambiental y conservación de los anfibios en todos los territorios, sumando el conocimiento local al científico. Solo mediante el compromiso colectivo podremos garantizar que estos pequeños, pero tan grandes seres, perduren a través de las generaciones, cautivándonos con su canto y resiliencia.

“Que el canto de las ranas en los páramos y bosques nos inspire a la protección y restauración de la naturaleza”Julián E. Díaz-Triana.

 

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