¿Cómo se preparan las familias cacaoteras de Santander para enfrentar El Niño?

En marzo de 2026 el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) divulgó las primeras señales de calentamiento en el océano Pacífico; en junio reportó que las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño ya estaban presentes en el océano y en la atmósfera; y en agosto compartió un escenario más claro sobre la consolidación e intensidad de este fenómeno. Actualmente, las condiciones asociadas a este fenómeno en Colombia cuentan con una tendencia al fortalecimiento y con una probabilidad del 90% de intensidad muy fuerte para el último trimestre de 2026.  

Considerando que este evento se ubica como uno de los fenómenos meteorológicos con mayor magnitud registrados desde 1950. Entidades e institutos como Ideam han hecho un llamado a tomar las medidas necesarias en diferentes territorios, pues El Niño puede aumentar la temperatura por encima de lo normal, así disminuir las lluvias en algunas zonas, lo que llevaría a presentar un déficit en el recurso hídrico poniendo en riesgo algunas cuencas y embalses, e incrementar de manera significativa la susceptibilidad de incendios de cobertura vegetal. 

De acuerdo con el Ideam, El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un “fenómeno climático que se caracteriza por variaciones en la temperatura de las aguas superficiales del Océano Pacífico tropical”. Por lo que la Oscilación del Sur se refiere a “las fluctuaciones en la presión atmosférica entre el hemisferio sur y el norte. Durante El Niño, esta presión tiende a disminuir en el Pacífico tropical, lo que contribuye al calentamiento de las aguas”. 

Para comprender sus afectaciones y riesgos es clave analizarlo de forma diferencial, entendiendo que la situación en cada región o departamento puede cambiar. En este contexto, desde el programa de Monitoreo climático participativo, de Isagen y Fundación Natura, se ha avanzado en estar listos ante las consecuencias que esto puede traer para los cultivos de cacao de Santander, trabajando articuladamente con monitores de los municipios de Betulia, Zapatoca, Girón y San Vicente de Chucurí.  

Pero ¿cómo se manifiesta El Niño en el departamento de Santander? Daniel Espinosa, investigador meteorológico de Fundación Natura, afirmó que las afectaciones en el país se dan particularmente en la región Andina, donde los cambios en los patrones de circulación del viento regional generan variaciones en la ocurrencia de precipitaciones, en el contenido de humedad en la atmósfera y la temperatura del aire; lo que representa un reto importante principalmente para los agricultores.  

Es por esto por lo que se pueden ver afectadas variables como las lluvias, la temperatura y la disponibilidad de agua en las zonas cacaoteras de Santander. “Durante una fase cálida se presenta una disminución por debajo de lo típico en las precipitaciones, pues los cambios en la circulación regional hacen que sobre el país haya condiciones desfavorables para la generación de nubosidad”, aseguró Daniel.

Explicando también que esto hace que disminuya, en términos generales, tanto el contenido de humedad de la atmósfera, como la humedad en los suelos; y que, a su vez, se presenten incrementos en la temperatura superficial. Además, enfatizó en que estos efectos no son globales y que hay regiones en las que un evento como El Niño puede generar incrementos en las precipitaciones. 

Una de las afectaciones que se debe ver de forma diferencial en el departamento de Santander tiene que ver con los cultivos de cacao, al ser una de las regiones con mayor producción en el país. Por lo que, Héctor Gregorio Mejía, investigador agrónomo de Fundación Natura, explicó la relación entre las variables climáticas y el desarrollo, floración y producción de los cultivos.  

“Es importante mencionar que la planta de cacao es originaria del sotobosque tropical húmedo amazónico, lo que significa que fisiológicamente no está adaptada a los déficits hídricos prolongados que trae El Niño. Cuando las lluvias disminuyen y las temperaturas suben, la planta entra en un mecanismo de defensa que consiste en cerrar sus estomas (poros de la hoja) para reducir la pérdida de agua por transpiración. Este cierre estomático, aunque protege a la planta de la deshidratación, bloquea también la entrada de CO2 necesaria para la fotosíntesis, con lo cual el árbol reduce excesivamente su producción de fotosintatos, que sería ese combustible que necesita para formar flores, cuajar frutos y llenar mazorcas”, afirmó Héctor. 

Efectos sobre floración y cuajado 

La floración del cacao es un proceso especialmente delicado y depende de una combinación precisa de humedad relativa, temperatura moderada y disponibilidad hídrica en el suelo. 

Teniendo en cuenta que, durante El Niño, en Santander y en general en la región andina colombiana, el fenómeno se traduce en una disminución de las precipitaciones, un aumento de la temperatura y una caída de la humedad relativa; y aunque cabe aclarar que esto no implica ausencia total de lluvias, sino temporadas donde llueve menos en cantidad y magnitud respecto al promedio histórico, este déficit combinado afecta la floración de tres maneras concretas: 

  • Menor inducción floral: sin suficiente humedad en el suelo, el árbol no acumula las reservas necesarias para iniciar procesos de floración masiva. 
  • Aborto de flores y frutos jóvenes («pepinos»): las flores que son polinizadas y fecundadas son las estructuras más vulnerables, pues ante el estrés hídrico agudo la planta las aborta para priorizar su propia supervivencia. 
  • Desincronización de cosechas: al alterarse los ciclos naturales de floración, las cosechas se vuelven irregulares y menos predecibles, dificultando la planificación de labores de manejo del cultivo. 

“Es importante mencionar que el cacao no muere inmediatamente por falta de lluvia, pero sí puede apagar su motor productivo. La planta prioriza sobrevivir sobre producir y esa dormancia fisiológica, que es ese descanso temporal donde la semilla no crece ni gasta energía hasta que las condiciones vuelvan a ser perfectas, es la que explica por qué los productores de cacao ven caer tanto la floración como el número final de mazorcas cosechadas, incluso en árboles que en apariencia siguen sanos y en pie”, agregó Héctor. 

Estrés hídrico en los cultivos 

El estrés hídrico es otro factor que se tiene en cuenta durante el fenómeno de El Niño, pues puede llegar a afectar la producción de cacao en dos frentes simultáneos. 

Por un lado, puede llegar a reducir el número de mazorcas viables y desmejorar las que sí llegan a formarse. “Un efecto de calidad y cantidad especialmente relevante es el aumento del llamado grano de pasilla, que son granos de cacao pequeños y en muchos casos deformes, con menor contenido de grasa y minerales”, aseguró Héctor. 

Por otro lado, también es posible que este evento tenga un efecto postcosecha, ya que el cacao requiere procesos de fermentación y secado controlados; pero cuando las condiciones de campo son atípicas se podrían acelerar dichas fases con posibles defectos en las características físicas y sensoriales que refleje el grano de cacao al momento de transformarlo a chocolate y otros derivados. 

“Se debe mencionar que en cultivos de cacao sin árboles de sombra que regulen la temperatura y conserven la humedad, el estrés térmico se agrava porque el suelo pierde humedad más rápido y las raíces superficiales y ramas del cacao quedan expuestas a temperaturas que les pueden generar lesiones por las cuales pueden ingresar hogos (patógenos) causantes de enfermedades como la pudrición o fitoftoria”, manifestó Mejía. 

Anticipación basada en datos 

Entonces, ¿qué tan predecibles pueden ser estos cambios y con cuánta anticipación pueden los productores de cacao prepararse para los periodos de sequía o altas temperaturas asociadas a El Niño?  

Un gran aliado para los productores son los diferentes centros y entidades que se dedican a observar e informar sobre las condiciones asociadas con este fenómeno, para contar con pronósticos tempranos e información para la toma de decisiones, como lo hace el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad, de la Universidad de Columbia o el Ideam.  

“Las predicciones se realizan con un horizonte de aproximadamente nueve meses. Sin embargo, mientras mayor es el horizonte, mayor es la incertidumbre, por lo que se tiene una mayor confianza en cuanto al pronóstico de los próximos tres meses. Además, depende del momento del año en que se realicen las predicciones. Por ejemplo, las predicciones del ENSO realizadas durante los primeros meses del año tienden a tener una mayor incertidumbre y dificultad de representar las condiciones que aquellas realizadas durante el segundo semestre. Así, el pronóstico al que podemos acceder en este momento del año es mucho más confiable que el que teníamos en febrero o marzo”, añadió Espinosa 

En ese sentido, las alertas que ha tenido el país durante los últimos siete meses y los datos registrados a través de las acciones de monitoreo climático participativo y su posterior análisis son clave para que las familias productoras de Santander puedan apropiarse de estos conceptos, comprender todas las afectación y variables de El Niño, y poder actuar a tiempo para tener cultivos resilientes a estos eventos. 

Una de las acciones que implementan es la siembra de árboles de sombrío para amortiguar el impacto de El Niño. “Es fundamental mantener el cultivo con manejo adecuado de sombrío temporal y permanente para evitar la defoliación, la reducción en la floración, la marchitez de los frutos pequeños y la reducción drástica de los rendimientos”, explicó Héctor.  

Otra medida sugerida por el investigador agrónomo del programa de monitoreo es el manejo moderado de malezas, también conocidas como plantas acompañantes. Partiendo de que la presencia de estas plantas puede evitar la evaporación del suelo y disminuir el riesgo de erosión ocasionada por el viento, una buena práctica durante la época seca es mantenerlas sobre el suelo en lugar de retirarlas, precisamente para no exponer la tierra a la radiación directa y a los vientos. 

De acuerdo con Héctor, “la incorporación oportuna de materia orgánica e implementación de planes de fertilización contribuyen en gran medida a mitigar los impactos negativos del fenómeno de El Niño, ya que la materia orgánica mejora la capacidad del suelo para retener humedad durante más tiempo y fertilización oportuna brinda los elementos nutricionales necesarios para que la planta tenga las herramientas para llevar a cabo sus procesos fisiológicos adecuadamente. En casos extremos se puede implementar la fertilización foliar o drench (al suelo) como medida de choque, pero hay que considerar factores económicos y operativos”. 

Finalmente, una recomendación constante a los productores es evitar la siembra de plantas de cacao, a menos de que se cuente con sistema de riego con una disponibilidad de agua más que suficiente para suplir la necesidad en lo que dure la época seca, o en su defecto, que se cuente con un plan estricto de fertilización que asegure que la planta de cacao esté recibiendo periódicamente agua y elementos nutricionales, de lo contrario no van a prosperar estos cultivos.  

Con estas acciones y un seguimiento técnico constante, el programa de Monitoreo climático participativo acompaña a las familias cacaoteras de Santander que se enfrentan a los efectos de El Niño y se preparan para su etapa más crítica finalizando 2026 e iniciando 2027.  

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