“Todo lo que tenga que ver con el clima y el medio ambiente es muy importante, sobre todo para nosotros que vivimos en el campo, porque ahí está nuestro sustento. Entonces, las herramientas que nos dan son muy útiles para nuestro diario vivir: saber cómo varía la temperatura, darnos cuenta de que hay días que calienta más o menos, y saber que podemos medir la cantidad de lluvia que cae es muy importante. También el acompañamiento que nos dan en nuestra finca es muy valioso para nosotros”, resaltó Ligia Ramírez, de la vereda Los Medios, ubicada en San Vicente de Chucurí (Santander).
Ligia hace parte del grupo de 91 monitores comunitarios que tomaron registros meteorológicos y agronómicos durante 2025: 47 de ellos en San Vicente de Chucurí, 20 en Betulia, 20 Zapatoca y 4 en Girón.
Y en el marco de este proceso se realizaron talleres para conocer los resultados de esos registros que se toman día a día y que son organizados y analizados por los monitores, en el marco del programa de Monitoreo Climático Participativo, implementado por Isagen y Fundación Natura desde 2013, en el área de influencia del embalse Topocoro, con el fin de registrar la temperatura, humedad relativa y precipitaciones, integrando esta información en la toma de decisiones productivas.
Para Ligia, es importante la dinámica de los talleres, que permite una socialización de resultados y avances de forma creativa y llamativa para toda la comunidad, sin dejar de ser información clara y transparente.
“El trabajo con las gráficas me parece muy importante porque vemos el comportamiento durante el año, también las explicaciones meteorológicas, para poder entender de dónde vienen todos los cambios climáticos y estar muy bien informados con todo lo que ocurre con respecto al clima”, afirmó.
En el primer taller, realizado en la vereda Sogamoso en Betulia participaron 23 personas; en el segundo, en la vereda Los Medios, ubicada en San Vicente de Chucurí, asistieron 28 personas; en la vereda Miradores de la Plazuela, ubicada en el municipio de Zapatoca, asistieron 31 personas; en el cuatro, en la vereda Peña Morada en Betulia, también asistieron 31 personas; y en el quinto taller, en la vereda Cantarrana de San Vicente de Chucurí, asistieron 25 personas.
Los datos recolectados vienen de siete estaciones metrológicas satelitales y 26 parcelas de monitoreo distribuidas en la región, donde se encuentran 21 de cacao, tres de café y dos de tabaco.
Esta jornada se desarrolló en cuatro momentos pensados para acercar los datos a las experiencias de los participantes. Para iniciar, se proyectó un video realizado por las propias familias monitoras, mostrando lo que ha significado este proyecto en más de diez años de implementación.
Después, se compartieron los resultados de componente meteorológica, enfocados en el fenómeno de El Niño – Oscilación del Sur (ENOS), que actualmente condiciona el comportamiento del clima en la región.
Por ejemplo, uno de los análisis compartidos se relaciona con el comportamiento de la lluvia en esta zona a lo largo del tiempo. Los registros de lluvia de las estaciones muestran que la cantidad de agua no es igual todos los años y estas variaciones no ocurren al azar: cuando se observan los datos año por año, se nota que la lluvia sube y baja en ciclos, que no hay un aumento permanente ni una disminución continua, y que los cambios fuertes ocurren en ciertos años específicos. Este comportamiento es normal en regiones donde el clima está influenciado por fenómenos climáticos como El Niño y La Niña.
Por otro lado, los encuentros también presentaron resultados del componente agronómico con gráficos sobre el comportamiento de la fitopatología y la producción de cacao y café. De hecho, en los datos entre 2012 y 2025 se observa que la producción de cacao no colapsó en el tiempo. Esto es muy importante porque un sistema productivo afectado negativamente por un cambio estructural fuerte mostraría una tendencia descendente clara, y eso no se observa en este caso.
Sumado a esto, también se hizo una comparación de las estaciones meteorológicas dentro y fuera del área del embalse donde se observa que siguen el mismo patrón asociado a El Niño y La Niña, y que no muestran un comportamiento térmico diferente respecto a las estaciones cercanas; lo que indica que la temperatura se comparta de manera homogénea a escala regional, independiente de la cercanía al embalse.
Estos y otros datos sobre las precipitaciones, la temperatura, la húmeda relativa, los cultivos de cacao, los frutos, la producción y las enfermedades afectan los cultivos, también están recopilados en la cartilla “La finca, el clima y el embalse. Datos y saberes para comprender la variabilidad agroclimática del territorio”. Un insumo entregado a todas las familias que participaron y hacen parte de Monitoreo Climático Participativo.
Un aspecto clave de este insumo es la diferenciación entre los cultivos analizados en los predios —21 de cacao, tres de café y dos de tabaco— para evaluar la continuidad productiva antes y después de la construcción del embalse.
En el caso del cacao se registró que los valores previos al embalse (2012-2014) oscilan entre 519 y 594 kilogramos por hectárea por año (kg/ha/año); y en los años posteriores la producción no solo se mantuvo, sino que alcanzó picos máximos como en 2019 (~613 kg/ha/año), 2021 (~615 kg/ha/año) y 2025, año en que se registró el máximo histórico de toda la serie con 799,8 kg/ha/año.
Las caídas puntuales registradas en 2018, 2022 y 2023 coinciden con periodos de alta variabilidad climática y no marcan una tendencia negativa permanente, sino descensos temporales de los cuales el cultivo logra recuperarse satisfactoriamente.
En este sentido, esta cartilla hace parte del programa orientado a atender la percepción de la comunidad sobre posibles cambios microclimáticos. Según el mismo documento, “surgió a partir de la inquietud de las familias agricultoras por comprender si la presencia del embalse Topocoro modificaría de manera significativa las condiciones climáticas locales y, en consecuencia, ello influiría en el desarrollo de los sistemas productivos de cacao, café y tabaco. Estas inquietudes —expresadas desde la experiencia cotidiana en las fincas— motivaron a contar con información objetiva y de largo plazo que permita analizar el comportamiento del clima en el territorio”.
Para el programa de Monitoreo Climático Participativo es muy valioso realizar estos talleres año tras año, no solo parta dar a conocer el trabajo y la información que cada familia consolida desde su predio, sino también para reunir a los monitores, para que conozcan a las otras familias, compartan experiencias y aprendizajes, y socialicen las estrategias que utilizan en otros municipios en cuanto al manejo de sus cultivos.
«En el taller nos enseñan cómo se comporta el clima a nivel general y nos damos cuenta de que es verdad esa información porque la vivimos, como la muestran las gráficas, y podemos manejar esa información para nuestro beneficio y trabajo evitando muchas veces malas decisiones con nuestros cultivos”, concluyó Ligia.
Estos encuentros finalizaron con actividades dinámicas para abordar conceptos propios del Monitoreo Climático Participativo. Con esto, Isagen y Fundación Natura buscan que las familias se acerquen más a estos procesos y se apropien de los conceptos y las acciones que se realizan en el departamento de Santander.
La Finca el Clima y el Embalse Monitoreo Climático: Fundacion Natura – ISAGEN
Datos y saberes para comprender la variabilidad agroclimática del territorio.











