Cultivos como el cacao requieren suelos ricos en materia orgánica, con buen drenaje, una sombra adecuada, riego constante y podas estratégicas que garanticen plantas sanas y productivas. Para ir más allá se considera el uso de fertilizantes, la implementación de controles fitosanitarios y aprender sobre el manejo de plagas. Pero ¿se podría tener un ecosistema en equilibrio y un hogar propicio para especies de fauna y flora que contribuyan en la salud de los cultivos de cacao?
En este punto, los verdaderos protagonistas suelen pasar desapercibidos. No hablamos de grandes, llamativos y carismáticos mamíferos, ni del papel del ser humano. Aquí los protagonistas son diminutos, algunos tienen alas, picos largos o anuncian su llegada con un suave zumbido. Son los “bichos”, polinizadores por excelencia, cuya silenciosa labor sostiene la vida mucho más de lo que imaginamos.
La agricultura depende en gran parte de la polinización. De hecho, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), alrededor del 75% de los cultivos alimentarios mundiales dependen de los polinizadores. Aunque esta cifra incluye mamíferos como los murciélagos, gran parte de los animales polinizadores son insectos.
De acuerdo con el tratado internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura de FAO, “aproximadamente el 80% de todas las especies de plantas que florecen están especializadas para ser polinizadas por animales, principalmente insectos”. Adicional a esto, algunos estudios en bosques tropicales de América Central indican que los insectos pueden polinizar una alta proporción de los árboles de dosel.
Entonces, los insectos son protagonistas en la agricultura y, en ese sentido, los cultivos de cacao son un gran ejemplo.
Pero ¿cuántos insectos pueden habitar en un árbol de cacao? Según el Catálogo de Hormigas de San Vicente de Chucurí (Sanabria et al, 2019) y diversas guías de plagas, en estos cultivos es común encontrar áfidos, chinches (Helopeltis), barrenadores (Xyleborus), zompopos y hormigas como Acromyrmex sp., Dolichoderus bispinosus, Ectatomma sp. y Cephalotes atratus.
Así que verlos como “bichos raros” es ignorar la diversidad de funciones que cumplen. Es importante entender que hay insectos polinizadores como Forcipomyia; depredadores como Ectatomma sp.; y hormigas cazadoras como Odontomachus, que ayudan a regular otras poblaciones, pero también hay especies que pueden convertirse en plaga y representar una amenaza, como las cortadoras (Acromyrmex) y algunos áfidos y chinches que afectan hojas y mazorcas.
En conjunto, “los insectos polinizan (Forcipomyia), controlan plagas (Ectatomma, Gnamptogenys, Neoponera), reciclan nutrientes (hormigas carroñeras como Pheidole) y sirven de alimento para aves. Su presencia fortalece la resiliencia de los sistemas agroforestales de cacao y evidencia que su papel va mucho más allá de lo que solemos percibir”, sañaló Andrés Rueda, jefe de proyecto de Fundación Natura.

En este sentido, desde el programa de Monitoreo climático participativo que se implementa en los municipios de San Vicente de Chucurí, Betulia, Zapatoca y Girón (Santander), por Isagen y Fundación Natura, no solo hace un seguimiento a las familias monitoras en la recolección y análisis de datos meteorológicos, sino que también hace un acompañamiento en los procesos de agricultura que tienen sus predios: cacao, café y tabaco.
Por ello, se han incluido estrategias sostenibles que buscan mejorar la producción sin comprometer la conservación de los ecosistemas. Estas acciones permiten mantener un hábitat seguro y propicio para los insectos, incluyen el monitoreo constante, el manejo adecuado de la sombra y el control biológico con hongos como Beauveria. También contemplan el uso de barreras físicas para hormigas cortadoras (Acromyrmex) y la diversificación del sistema, con especies benéficas como Dolichoderus y Crematogaster en cultivos de cacao, ya sea en monocultivos o en sistemas agroforestales.
A esto se suman prácticas como el establecimiento de una sombra diversa que brinde refugio a especies como Ectatomma y Cephalotes, el monitoreo selectivo que evita el uso de químicos amplios, la conservación de hábitats con troncos y materia orgánica para hormigas como Odontomachus, y la poda estratégica que mantenga la vegetación floral. En conjunto, estas acciones fortalecen el equilibrio del cultivo y protegen a los insectos benéficos para el cacao.
Pese a todos estos esfuerzos, otra gran amenaza para los insectos es el uso de pesticidas. “Algunas alternativas son los hongos entomopatógenos (Beauveria), extractos de neem, cebos biológicos para Acromyrmex y Solenopsis, barreras en troncos y manejo cultural como poda selectiva, conservando depredadoras como Odontomachus en sistemas de cacao de Santander. Además, la misma biodiversidad fomenta control natural con depredadoras (Ectatomma, Camponotus, Pseudomyrmex), aves y ranas que consumen plagas; en los cultivos de cacao con sombra, se tienen más hormigas benéficas que reducen áfidos”, Andrés Rueda.
En definitiva, la conservación de los insectos, que a fin de cuentas se convierten en héroes diminutos, es un valor agregado a los cultivos, pues fomentan la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que prestan, como la polinización, el control biológico, el ciclado de nutrientes y la resiliencia ante plagas, evitando dependencia química en agroecosistemas de cacao.



